Dos entradas en un día? Que reflexiva estoy!!
Estaba tomándome el último cunchito de ajiaco que había quedado del almuerzo. Sabía delicioso y mientras se vaciaba el pocillo en el que serví, vino a mi una sensación familiar. Ese sentimiento de que algo se está acabando sin acabarse aún. Saboreo el final que no ha llegado y entonces me veo en la obligación de decidir entre bajar el ritmo y tamaño de mis sorbos, para hacerlo rendir, o mantener el ritmo que llevo. Este debate me atormenta un poco para ser sincera, porque me lleva a reflexionar si la intensidad prevalece sobre la durabilidad.
Si decido dar cada vez sorbos más pequeños corro el riesgo de saborear solo una pequeña fracción por querer exprimir hasta la última gota, aunque en el proceso pierda algo de esencia y termine por no ser suficiente. Por otro lado si opto por dar sorbos grandes, saboreo cada uno con intensidad, pero el tiempo me traiciona y no dura lo suficiente, dejándome de igual manera insatisfecha.
Vale la pena que algo dure y se dilate aunque pierda todo su sabor en el proceso? Puedo pensar que de esta manera soltar es más fácil, pues tu último recuerdo es casi desabrido, pero lo cierto es que para mi el proceso duele un poquito más porque se vive en carne propia la muerte de sabor. Para el momento en que desaparece ya no recuerdas ni siquiera porque empezaste a tomar.
Entonces, es mejor vivir efímeramente y dar por hecho el final inherente, pero sintiendo con la misma intensidad cada sorbo? Si bien es más divertido, soltar se vuelve todo un desafío porque si fue corto y bueno no tienes razones para pensar que mas adelante todo sería más desabrido y le haría falta un poco de sal. Entonces te aferras al buen final y por dentro deseas que al mirar el pocillo quede aún otro cunchito por tomar.
Reconozco el valor de tomar de un sorbo el poquito que queda y dejar todo ahí, asumir el final y poder pasar al postre; pero comprendo esa necesidad de estirar eso que te hace sentir bien hasta que quizás no lo haga... Lo cierto es que no hablo únicamente del ajiaco, pero como duele ese último cuncho!
Gracias por leerme.
Soy Dani ★

Comentarios
Publicar un comentario